Jueves, 02 Abril 2015 14:02

Cuando te llevan al límite... Destacado

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Llegó el momento en que tuve que responder a la directora de la DGT. Había que explicarle que no todo vale en esta vida y también había que explicarle que los ciudadanos somos lo realmente importante.

Le respondí como reacción a la presión institucional a la que me estaba viendo sometido por el mero hecho de querer ser independiente y como hartazgo ante sus intromisiones institucionales en mi trabajo, canalizadas a través de su marido (siempre reconoceré que contratarlo fue la mayor torpeza cometida en mi vida profesional).

Di detalles de todo lo que estaba soportando al director del maltrecho Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón de la Universidad de Zaragoza pero, lejos de darme su apoyo, me explicó que el marido de la directora de la DGT ya le había convencido de la necesidad de «ser discretos» con determinadas cosas para poder aspirar a futuros contratos con la DGT.

Intuí que algo se estaba «cocinando» a mis espaldas y no me equivoqué. Pude comprobarlo prácticamente al día siguiente de manifestar mi deseo de prescindir de los servicios del marido de la directora de la DGT (pdf la noticia de enero y pdf la noticia de febrero (64 KB) explican todo).

Esta fue mi respuesta a la directora de la DGT (pdf documento original en pdf (2.50 MB)):

28 de julio de 2014

Sra. Directora General de Tráfico
DIRECCiÓN GENERAL DE TRÁFICO
C/ Josefa Valcárcel, 44
28071 - Madrid (España)

Sra. Directora, querida María,

En relación con tu amable carta fechada el pasado 13 de junio de 2014, paso a informarte sobre las cuestiones que me trasladas.

La Tesis Doctoral elaborada por mi compañero, el Dr. D. Alberto Iglesia Pulla, se basa en los resultados de la investigación de más de 180 accidentes de tráfico con víctimas en los que los atestados fueron elaborados por distintos cuerpos de fuerzas instructoras, dependiendo del lugar en el que se produjo cada uno de los accidentes estudiados.

No en todos los accidentes investigados se detectaron errores cometidos por la fuerza instructora (hay muy buenos trabajos) y, en aquellos accidentes en cuya investigación oficial sí que hubo errores, estos tuvieron alcance, gravedad y repercusiones muy diferentes.

En la Tesis del Dr. Iglesia -que obtuvo la calificación de «Sobresaliente» con mención «Curn Laude»- se recoge el estudio en detalle de cinco de esos accidentes en los que los errores cometidos sí que tuvieron gran transcendencia. Posees todos los detalles sobre ellos.

Nuestra preocupación se centra en la desprotección del ciudadano ante estos errores y en la circunstancia de que una extrapolación estadística al número de accidentes producido en toda España puede llevar a un elevado número de accidentes de tráfico con presencia de errores importantes en su investigación oficial. Es decir, si en nuestra reducida muestra de 180 accidentes analizados hemos detectado al menos cinco de ellos con graves errores, ¿qué puede haber estado ocurriendo a nivel nacional en los últimos años? No nos preocupa el número concreto de posibles errores, sino el perjuicio personal que cada una de las familias afectadas pueda haber sufrido.

En relación con este problema, nuestra mayor sorpresa se produjo ante un determinado accidente de tráfico investigado por el ERAT de la Guardia Civil de Tráfico.

Miembros del ERAT que participaron en su investigación presentaron los resultados de su trabajo en una reunión científica cuando este accidente aún no había sido juzgado y cuando, al menos, una de las personas afectadas era fácilmente identificable por la audiencia, dada su gran proyección mediática. Esto no es un comportamiento ético.

La Guardia Civil, a la que muy profunda y sinceramente admiro, queda desmerecida por actuaciones de este tipo.

El Dr. Iglesia y yo mismo, a requerimiento de uno de los afectados, realizamos tiempo después la investigación de este mismo accidente de tráfico y pudimos comprobar los graves errores técnicos cometidos por el ERAT, entendemos que en gran medida originados por utilizar un paquete de software a modo de «caja negra», por interpretar mal la colisión entre los vehículos o por trabajar con un modelo de coche equivocado, todo ello entre otros importantes errores.

Como ya conoces, fuimos invitados a presentar un trabajo en el mismo foro científico (edición de 2014) en el que el ERAT presentó el accidente citado. Ante la gravedad de los errores técnicos cometidos en la investigación del accidente que nos ocupa, decidimos presentar nuestro propio análisis técnico en el marco de una ponencia.

Al parecer, nuestro trabajo técnico -por las consecuencias que podría tener- causó profundo malestar en los miembros del ERAT que quisieron sentirse aludidos.

Como también conoces, se me pidió desplazarme a Madrid para verme con el General Jefe de la Agrupación de Tráfico en lo que yo, a priori, pensé que iba a ser una reunión amable para intercambiar ideas. Debo decir que junto al muy amable y educado trato del General Jefe también me encontré con el desagradable e intimidante trato de los miembros del ERAT que incluso llegaron a amenazarme tres veces con querellarse contra mi por el mero hecho de discrepar de su trabajo. Eso sí, en ningún momento de la conversación negaron ni uno solo de los errores detectados en su trabajo, incluido el uso de un coche equivocado para realizar sus cálculos o el haber determinado que la colisión se produjo de una forma «físicamente imposible».

Debo decirte que sí me sorprendió en esa reunión la clarísima falta de cultura tecnológica en las personas con las que me entrevisté. Mi impresión fue la de estar hablando con personas que intentaban aplicar métodos de razonamiento jurídico a lo que debían ser meros análisis técnicos. Me atrevo a preguntarte en este momento si podemos encontramos en la tesitura de que licenciados en Derecho pudieran estar interviniendo en sede judicial rebatiendo a ingenieros, médicos o psicólogos (los miembros del ERAT también se pronuncian sobre cuestiones médicas y psicológicas) con el aplastante apoyo que les brinda su «presunción de veracidad» y que ellos sólo reconocen como perfección en su trabajo (así me lo manifestaron).

No quiero terminar este escrito sin trasladarte, también en relación con el mismo accidente de tráfico, lo que es mi opinión acerca de la patética imagen ofrecida durante el juicio por el fiscal de Seguridad Vial de Sevilla. Un fiscal que recurre a la descalificación («ustedes trabajan a mano», para presentamos como analfabetos tecnológicos), a la burla («ustedes trabajan con canicas», cuando intentamos ser pedagógicos y explicar qué ocurría en una colisión) y a la calumnia (dice que aplicamos el coeficiente «MPA», «Me Paga el Acusado», para hacer ver que los resultados de  nuestro trabajo se amoldan al interés de quien paga) es un fiscal que desmerece el rigor y seriedad que otras muchas personas sí intentan poner en su trabajo en pro de la Seguridad Vial.

Sra. Directora -querida María- me conoces lo suficientemente bien como para saber que voy a poner todo mi empeño en intentar contribuir, aunque sea en mínimo grado, a que el ciudadano no pueda verse perjudicado por actuaciones de este tipo.

No es justo que un ciudadano pague por la arrogancia de quienes tienen que estar a su servicio.

Hago mía la frase que tantas veces repitió Alberto durante la defensa de su Tesis: «Ésta es una Tesis para construir». Y también hago mía la frase que varias veces se repitió por parte de los miembros del tribunal: «Esta Tesis debe hacer reflexionar a quienes tienen que tomar decisiones; debería hacerse algo de forma inmediata».

Aún no sé ni por dónde ni cómo voy a empezar, pero puedes dar por hecho que tendrás toda mi colaboración si algún día este empeño también lo hace propio la Dirección General de Tráfico.

Un abrazo,
Juan José Alba
Director de TESSA
I3A-Universidad de Zaragoza
 
 
 
Juanjo Alba

Dr. Ingeniero Industrial

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