Martes, 18 Agosto 2015 13:45

Las motocicletas no son trenes Destacado

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El triste accidente ferroviario ocurrido el 24 de julio de 2013 a la entrada de Santiago de Compostela sirvió para que se hicieran reflexiones muy interesantes sobre el concepto de «seguridad».

Para empezar, pudimos oír hablar con cierto rigor –y fuera del ámbito técnico- de los conceptos «investigación del accidente» y «causas del accidente», conceptos ambos totalmente distorsionados cuando se utilizan en relación con los accidentes de tráfico ya que, alrededor de ellos, stricto sensu, ni hay investigación del accidente ni se analizan sus causas.

En el accidente ferroviario se podía haber llegado al descubrimiento de una muy evidente «causa» del accidente: «exceso de velocidad»… o, planteado de forma más elegante, «velocidad inadecuada». Es lo que se definiría como «causa» en cualquier salida de vía a velocidad por encima del límite en un accidente de tráfico… por supuesto, también cabría la «salida de vía por despiste».

Pero en el accidente ferroviario se estaba buscando la «causa» de verdad. Al final, hubo una interesante reflexión sobre la obligación moral de aplicar todas las soluciones tecnológicas realistas que permitieran paliar los efectos de posibles debilidades de la normativa, de posibles negligencias o de cualesquiera otras posibles circunstancias que pudieran llevar a la situación de encontrarnos con un tren aproximándose con exceso de velocidad a una curva peligrosa.

Es decir, aceptando que el maquinista circulaba despistado y que por ello no redujo la velocidad del tren a la entrada de la curva, la pregunta que nos preocupó fue «¿por qué no había sistemas de seguridad que paliaran ese error?».

Este mismo razonamiento llevado al ámbito del tráfico -y con mucha menor profundidad- supondría un cambio trascendente para nuestra seguridad.

Así, baste a modo de ejemplo una sencilla reflexión. Si sabemos perfectamente que el sistema de protección de motociclistas (SPM) es –a día de hoy- la más razonable solución tecnológica que puede ayudar a salvar la vida de un motociclista que por alguna razón se arrastra por el asfalto y se dirige hacia el poste de un guardarraíl, entonces ¿alguien puede explicar por qué extraña razón todo se reduce a decir que «algo haría mal el motociclista» sin hacer nada más?

Podríamos encontrar muchísimos otros ejemplos, pero la pregunta será siempre la misma: ¿no deberíamos aplicar a los accidentes de tráfico la misma ética y la misma moral que se aplicó al accidente ferroviario?

 
Juanjo Alba

Dr. Ingeniero Industrial

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